Ombligo (texto)

¿Qué es la vida?

Esa es la pregunta que me hice cuando mi padre sufrió un infarto. Sucedió en la casa familiar, una propiedad en las afueras de Barcelona, y faltó muy poco para que no llegara a tiempo al hospital. Unas semanas después del suceso, mis padres decidieron vender la casa familiar para mudarse a la ciudad, más cerca de los médicos y de sus hijas.

Durante los meses siguientes, ayudé a mis padres a vaciar la casa. Entre las cajas y libros polvorientos del desván, encontré ovillados mis recuerdos de infancia. Despojarse de aquellos viejos objetos resultó más difícil de lo que había pensado. Cada bolsa de trastos me dejaba una herida abierta. Cada grieta al descubierto, trazaba una nueva cicatriz.

Al hilo de la narrativa familiar, se iba entretejiendo mi propia historia. Curiosamente, mi pareja y yo habíamos comprado nuestra primera propiedad hacía apenas unos meses. Sin embargo, y a diferencia de mis padres, nos enfrentábamos a una madeja de habitaciones vacías y estanterías por llenar.
El contraste entre ambas experiencias me hizo pensar en el paso del tiempo. Por primera vez, me sentí transitando las fases de un ciclo de vida. Entendí que la pérdida formaba parte del viaje circular.

Reconozco que las nuevas cicatrices me hicieron sentir miedo. Si mi vida ya no era solo mía, sino de todos los que fueron y serán, ¿entonces dónde quedaba mi identidad?
Inconscientemente, con un gesto casi infantil, reseguí mi propia historia, aferrándome nostálgica a mi más antigua cicatriz: el ombligo.